Dicen que no hay nada nuevo bajo el sol pero esa es una mentira infinitesimal. Y aunque todo fuera viejo y repetido bajo el sol, éste jamas es el mismo.
Aquella bola de gases flameando "sobre" nosotros, a quien creemos benevolente por ser fundamental en el desarrollo de la vida, manifestación más patente de lo "divino," no es conciente de nuestra existencia.
Cada día sale el sol pero nunca el mismo. Hace 100 mil años disponía de más gas que hoy, dentro de 5000 millones de años comenzará a engullir nuestro planeta pero afortunadamente arreglamos extinguirnos mucho antes.
Sus llamas contrayéndose y estirándose hacia nosotros, penetrando cada vez más afianzado entre el ozono que gentilmente le ayudamos a franquear para que nos bese la piel con sus múltiples lenguas.
El sol que arde cada segundo no es el mismo si quiera dos segundos, ni un cuarto de segundo. "Algún día consumiras todos los gases que inflaron tu ego, colapsaras, te hundirás tanto pero tanto dentro tuyo... denso, enfriándote hasta perder tu brillo, hasta hundirte en el olvido sin retorno y no haya quien sepa que alguna vez exististe".
