domingo, 19 de junio de 2011

La carne es débil.


Según dice el refrán "Saber es poder" y las élites que buscan manipular y dominar a las masas saben muy bien ésto, manejan los datos y la información de manera tal que poco importa la disponibilidad de la misma, continuamos revolcándonos en nuestra ignorancia y molicie. Parecemos disfrutar de la histeria colectiva con tal de no cuestionarnos, preferimos creer en las "autoridades" por más pobre que sea nuestra confianza en ellas. Y lo que más nos afecta son las ideas de estas autoridades, ideas que se ajustan a propósitos oligarcas de control y dominación, ideas que nos llegan cual propaganda de esta máquina alienante.
El miedo es una poderosa herramienta de manipulación, cuando el miedo se instala en los movimientos de las masas pueden aceptar cualquier abuso a su soberanía individual, prueba de ello es el Patriot's Act post 11 de septiembre que permitía al gobierno espiar a los ciudadanos, intervenir líneas telefónicas entre otros atropellos a la libertad de expresión y cualquier ciudadano descontento podría ser acusado e investigado por terrorismo.
Todo lo que nos hace bien es malo, la libertad es especialmente peligrosa y como masas buscamos alguien que nos muestre lo que necesitamos, cuanto menos tengamos que decidir mejor, terminamos abdicando a opciones tan básicas como lo que ingresa a nuestro organismo. Así nos convencen de ingerir venenos que no elegimos como los que se encuentran en alimentos transgénicos y los agrotóxicos con probados efectos nocivos en la salud, carnes de distintos animales hormonados hasta el hartazgo en un afán de productividad más allá de lo natural.
Compramos la imagen de lo saludable, no lo saludable en sí. Elegimos confiar en ese hombre de traje sin recordar que más que la satisfacción de sus consumidores prefiere engrosar sus finanzas, para los empresarios somos números, estadísticas en sus informes; les conviene tener consumidores ignorantes de los métodos de producción, gente con poco criterio, incautos fáciles de manipular, autómatas empeñados en trabajar horas extra por los lujos de la vida urbana.
En nuestro país, la élite agro-ganadera guarda semejanzas con la mafia siciliana y ostenta el mayor porcentaje de riquezas en cuanto a capital, grandes extensiones de tierras y privilegios legales. Los sojeros y ganaderos se creen dueños del país, pocos son los impuestos que pagan a pesar de ser el sector de mayor productividad, gracias a la tecnología existente tampoco necesitan emplear a mucha gente, se enriquecen indecorosamente pero invierten poco en el desarrollo, un buen ejemplo del feudalismo contemporáneo. También, responsables de la deforestación de nuestra alguna vez envidiada selva paraguaya pues utilizan inmensas extensiones de tierra para pastoreo y monocultivos. Es bien sabido que la ganadería consume muchos recursos energéticos en comparación a la agricultura pues consume menos energía para la misma cantidad de alimento por persona. Para dar una idea, por kilo de alimento que se produce, por ejemplo: para producir un kilo de papas se utilizan en promedio 900 litros de agua; para producir cereales o pan, 1300 litros; soja, 1800 litros; y para producir un kilo de carne se utilizan 15500 litros de agua durante todo el proceso.
Evidentemente, tal derroche de recursos debe ser justificado y sostenible desde lo económico; la carne se enaltece como proteína base de la alimentación, se promueve su consumo excesivo, se declara articulo de lujo y se convierte en necesidad a nivel psicológico, el público se convence que sin carne no es comida.
La falta de interés de los empresarios en los ciclos naturales y la utilización responsable de los recursos naturales raya en lo criminal, por capricho de los seres humanos que nos servimos del planeta cual festín se pierden ecosistemas, los productores siempre buscando ahorrar aquí para recolectar allá llegan incluso a utilizar residuos del matadero como fertilizante en sus campos, una de las posibles causas del brote mortal de E. coli en Europa central, la cepa de dicha bacteria resulto ser incluso resistente a los antibióticos comúnmente utilizados, quizás porque el ganado usado como fertilizante es a diario inyectado con antibióticos para acelerar su crecimiento.
Cuando se desencadenó el brote de E. coli en Alemania quedo demostrada la ignorancia de las masas, el etnocentrismo y la xenofobia características de Europa afloraron apuntando el dedo acusador a España, se sospecho de los pepinos importados, posteriormente se descubrió el origen en granjas orgánicas de Alemania y rápidamente aparecieron los "carnívoros" defendiendo la inocencia de la carne, por fin tuvieron la oportunidad de despotricar contra los vegetales que terminaron matándolos antes que la propia carne.
Para salir de dudas cabe aclarar: el E. coli es una bacteria que habita dentro del intestino de los animales, incluidos nosotros, ayuda a la digestión de ciertas vitaminas importantes pero existen cepas patógenas que nos llegan por verduras o frutas contaminadas, es decir, que entraron en contacto con carne o vísceras e incluso por manipular alimentos sin lavarse las manos previamente.
Muchos europeos ya estarán comparando su situación con países tropicales o de "tercer mundo" habiéndose creído su metarrelato desarrollista de progreso y bienestar, se olvidan que todos vivimos en el tercer mundo y aquí hay enfermedades, la naturaleza suele tener la última palabra y si se abusa de ella no tardará en pasarnos la factura y no importará que hayamos pecado por maldad o ignorancia el resultado será el mismo.
El miedo siempre amigo de la ignorancia causaron perdidas importantes para los productores españoles, la gente consume con desconfianza los vegetales orgánicos y se refugia en las hamburguesas, embutidos y albóndigas. Resulta paradójico pero con una simple peste de diarrea millones de personas que habían optado por estilos de alimentación más saludables se alejaron a la carrera del buffet de ensaladas para atiborrarse con embutidos y grasas. Supongo que si supieran que el E. coli de hecho vive dentro de los intestinos no se hubieran apresurado en repudiar los vegetales, al parecer estamos más listos a creer cualquier cosa con tal de justificar nuestros vicios y con respecto a la carne somos débiles.

sábado, 4 de junio de 2011

Mujer: musa y poeta.

Los poetas siempre se sintieron inspirados por las mujeres, aquellas que despiertan pasiones en ellos, a quienes recitan sus loas, las inmortalizan en papel aludiendo a sus belleza, su amplia dimensión espiritual, su dulzura, la suavidad en sus gestos y ademanes.
La mujer amante, la esposa devota, la madre abnegada, la abuela cariñosa e incluso la niña virginal han sido musas inspiradoras del quehacer humano: la poiesis de los griegos.
Esa producción, esa creación artística es el medio por el cual la musa plasma su mensaje; una musa comprometida es una pequeñas dictadora que nos conduce hasta los límites con el afán de expandirlos. Una musa distante puede parecer apática y al darnos la espalda se convierte en la excusa perfecta, la razón de nuestras falencias, sobre ella se proyectan los estereotipos de pasividad femenina.
La poiesis, éste quehacer creativo se ha visto restringido históricamente, en mayor y menor medida, al ámbito masculino. Así mismo, a la poesía femenina no siempre se la tiene en cuenta, es en ocasiones censurada o rebajada hasta lo mundano, irrelevante o nimio. Se espera que una mujer produzca cierto tipo de poesía, que prefiera ciertos tópicos simplemente por haber sido recluida en el pequeño universo rutinario del claustro religioso o doméstico.
Afortunadamente, esta situación se ha revertido en la mayoría de los casos. Somos libres de acceder a la educación y nos aseguran igualdad de condiciones. Claro está que aun subsiste aquel punto de vista retrógrado y reduccionista que comprende lo femenino como únicamente válido en lo biológico. El conocido intercambio de matrices entre voluntades patriarcales.
Me gusta pensar que la figura del poeta, cualquiera sea su género, esta asociada a la del extranjero analista de costumbres y creencias del espacio-tiempo que habita por no serle propias.
Las mujeres ejercemos ese doble rol de musa y poeta, la creación del poema es un desglose de intenciones, es la entrega al arrebato, un intento por fotografiar la atmósfera que forja nuestro sentir, se hace un mayor esfuerzo por ese desembarazarse del ego impuesto y los lugares comunes.
Evocar la infancia como paraíso perdido, lleno de expectativas y posibilidades, entregarse a la obsesión por lo inasible, para rodear con palabras lo inenarrable. Así, la vida se convierte en un rito, en una ceremonia demasiado pura como diría Pizarnik, recorrer todos los callejones sin salida para convencerse que éste es el único camino, aquel abajamiento ceremonial, ese viaje es la poesía.